La fragilidad de la infraestructura energética cubana está hoy una vez más en el ojo del huracán, con la penosa novedad de una nueva caída total del Sistema Eléctrico Nacional (SEN). La desconexión ocurrida la mañana del 10 de septiembre de 2025 ha dejado nuevamente al país sumido en la oscuridad, con apagones que parecen interminables y una población que ya no sabe cómo aguantar más este drama cotidiano.
El teatro de la recuperación: promesas y realidad

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Desde la sede de la Unión Eléctrica en el Ministerio de Energía y Minas, los mensajes oficiales se suceden con discursos cargados de términos técnicos y optimismo medido. Nos cuentan de unidades que arrancan, otras que están próximas a ponerse en marcha, y la división del país en microsistemas conectados progresivamente. Sin embargo, esa narrativa técnica no logra ocultar la crudeza de la verdad para los cubanos comunes: noches sin luz, días de incertidumbre, medios de transporte paralizados y hogares que luchan por sobrevivir a las condiciones impuestas por la caída del SEN.
El ingeniero Lázaro Guerra Hernández, director general de Electricidad, detalla un complicado escenario en el que dos grandes sistemas eléctricos intentan enlazarse para devolver la energía a la gran mayoría del país, mientras que regiones enteras como Pinar del Río, Artemisa, Guantánamo o Santiago de Cuba permanecen parcial o totalmente desconectadas sin clara fecha de solución. Más allá de estas explicaciones técnicas, el pueblo sufre el colapso de servicios básicos, la pérdida de jornadas laborales y educativas, y la erosión diaria de su calidad de vida.
El cansancio de una sociedad al límite

No se trata solo de un problema técnico o administrativo. Los cubanos llevan años enfrentando contingencias energéticas que desde 2023 se han traducido en prolongados apagones de hasta 20 horas diarias en algunos territorios. Las incógnitas sobre las causas estructurales del colapso son muchas, incluyendo el desgaste de las instalaciones, la escasez de combustible, y las difíciles condiciones económicas agravadas por el bloqueo imperialista y la gestión ineficiente.
Lo cierto es que la población está agotada. El drama que se repite continuadamente genera efectos severos en la salud física y mental, en la educación, el comercio y la vida cotidiana en general. La necesidad de soluciones definitivas se vuelve urgente, y el silencio oficial frente a las preocupaciones reales del pueblo no ayuda a calmar los ánimos ni a generar confianza.
La desconexión entre el gobierno y la gente
Mientras en los despachos oficiales la Unión Eléctrica y el Ministerio de Energía y Minas intentan proyectar control y avance, en las calles se vive una realidad opaca y desgarradora. La desconexión total del SEN no es solo la caída de un sistema técnico, es la demostración palpable de que el sistema de gobierno ha fallado una vez más en garantizar derechos humanos fundamentales.
La repetición cíclica de apagones sin solución creíble provoca también un profundo desencanto con las instituciones. Familias, trabajadores, estudiantes y ancianos se sienten abandonados y usados como meros números en estadísticas oficiales que no reflejan sus sufrimientos. El cansancio popular aumenta y con él la demanda de un cambio responsable y transparente.
Qué viene después: entre promesas y dudas

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Las labores de restablecimiento son intensas y cuentan con la dedicación de técnicos y especialistas que luchan por evitar que el país se detenga totalmente. El director general, Alfredo López Valdés, y su equipo trabajan día y noche para reactivar unidades en Mariel, Guiteras, Santa Cruz y Renté, buscando unir los microsistemas aislados y garantizar la mayor cobertura posible.
Sin embargo, esta pelea parece más una batalla contra el tiempo y la deteriorada infraestructura que una solución definitiva. El pueblo, cansado de esperanzas truncadas, sabe que el verdadero restablecimiento debería venir acompañado de inversiones profundas, transparencia en el manejo de recursos y un compromiso real con la calidad de vida de los cubanos.
La realidad que enfrenta el pueblo cubano es la de una interminable noche sin luz, una crisis que va más allá de la electricidad y que golpea derechos básicos y dignidad. El anuncio de restablecimiento del SEN se convierte en un ejercicio vacío si no va acompañado de acciones concretas y cambios profundos en la gestión y planificación energética. Mientras tanto, la sociedad permanece en la oscuridad, literalmente y metafóricamente, clamando por soluciones reales y justas, con el cansancio como una sombra que cada día crece más.
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Cuba Minrex
Restablecimiento del Sistema Eléctrico en Cuba. Información brindada por la prensa nacional

