La reciente odisea médica vivida por Jorge Losada, emblemático actor cubano de 91 años, no solo conmueve por la preocupación hacia su salud, sino que denuncia con crudeza las fallas estructurales del sistema sanitario cubano en pleno 2025.
La descompensación del artista requirió un traslado de urgencia al Hospital Calixto García en La Habana, proceso marcado por horas de espera para conseguir una ambulancia y dificultades logísticas que solo pudieron superarse gracias a la solidaridad comunitaria y la intervención de un equipo especializado de la Cruz Roja.
El Calvario de Jorge Losada: Un retrato de la crisis sanitaria cubana

El testimonio cercano de Luis Lacosta, director de arte y amigo del actor, expone cómo tres horas de intentos desesperados para conseguir una ambulancia reflejan un sistema saturado y deficiente.
Solo con la gestión de una funcionaria del Servicio 104 fue posible finalmente movilizar a Losada, que necesitaba cuidados especiales debido a su edad y movilidad reducida. Este traslado se hizo con un equipo entrenado para manejar pacientes desde pisos altos, una ayuda que la familia no podría ofrecer por sí sola.
A la rapidez y profesionalismo con que fue atendido en el hospital, donde una doctora extranjera resolvió la urgencia médicamente, se contrapuso el obstáculo añadido en la noche: la negativa del personal de guardia a facilitar una ambulancia para su regreso, por temor a asaltos, lo que prolongó aún más su sufrimiento. Finalmente, un segundo equipo de ambulancia consiguió llevar al actor de vuelta a su hogar.
Este caso, aunque conmovedor por tratarse de una figura pública que ha aportado décadas al arte y la cultura nacional, revela la cruda realidad que viven miles de cubanos. La dependencia de la ayuda vecinal, la ausencia de recursos hospitalarios básicos y la precariedad del transporte sanitario constituyen el día a día de un sistema de salud que colapsa.
La crisis estructural del sistema de salud cubano: Más allá de Jorge Losada

Diario de Cuba
Jorge Losada no es un caso aislado. Ejemplos como el traslado de una anciana en un camión cañero en la provincia de Matanzas, ante la carencia total de ambulancias disponibles, ponen en evidencia la crisis nacional. En numerosas provincias, pacientes han debido recurrir a vehículos agrícolas, triciclos eléctricos o coches de tracción animal para llegar a centros médicos, denunciándose la escasez de combustible, la falta de mantenimiento de vehículos y la migración masiva de profesionales médicos.
Las duras cifras oficiales corroboran esta situación: en 2023, casi 43,000 trabajadores de la salud abandonaron el sistema cubano, incluyendo médicos, enfermeros, estomatólogos y personal auxiliar.
Ello se traduce en hospitales saturados, carencia de medicinas básicas (solo hay cobertura del 30% del cuadro básico), aumento de mortalidad infantil y materna, y un abandono progresivo que pone en riesgo la vida de los pacientes.
El propio ministro de Salud, José Ángel Portal Miranda, confirmó la crisis diciendo que las soluciones dependen del financiamiento externo, admitiendo la realidad de un sistema que ya no puede garantizar la salud como derecho, sino como un servicio condicionado por la disponibilidad de recursos económicos.
Denuncias publicadas recientemente ilustran la precariedad extrema del sistema. Además del caso de Losada, reportes de pacientes psiquiátricos abandonados en las calles por falta de transporte adecuado, o familias obligadas a improvisar traslados en condiciones inhumanas, evidencian el colapso.
La comunidad y organizaciones independientes han expresado reiteradamente la impotencia frente a un sistema paralizado que no responde a las urgencias médicas de sus ciudadanos.
La odisea de Jorge Losada es una muestra irrefutable de un sistema de salud en crisis profunda. Lo doloroso no es solo la dificultad para acceder a un traslado urgente sino la falla completa de la infraestructura y la organización que deberían proteger a toda la población, incluidos sus artistas y símbolos culturales. La falta de ambulancias, medicamentos, personal y recursos provoca que cubanos enfermos enfrenten calamidades que deberían ser inauditas en pleno siglo XXI.
Este escenario debe motivar una reflexión crítica hacia el gobierno cubano, que insiste en culpar factores externos sin abordar la ineficiencia, la corrupción y el abandono que han convertido el sistema sanitario en un servicio colapsado y de limitado acceso.
La salud pública, pilar básico de cualquier nación, está hoy en Cuba subordinada a la escasez y al financiamiento insuficiente, dejando desamparados a los más vulnerables.